La obra de Murakami es una historia de nostalgia y
pérdida en la que Toru Watanabe, protagonista, narra las experiencias durante
su residencia en Tokio como universitario, después de haber perdido a su único
amigo. A lo largo de la historia se puede apreciar el amor que Watanabe
desarrolla de forma muy distinta con dos chicas: Naoko y Midori. El
protagonista se enamora de ambas de una manera muy especial, sin embargo, la
primera sufre de una débil salud mental después de la muerte de su novio y la
segunda es una chica con una personalidad demasiado peculiar. Toru experimenta
a lo largo de la historia muchas situaciones cambiantes y deprimentes que
conllevan a un final decisivo, que a pesar de no ser lo esperado, logra un
equilibrio consigo mismo a través de esta historia que conlleva un proceso de
madurez tanto para Watanabe como para la mayoría de los personas dentro de la
historia.
El libro retrata le realidad humana de una forma muy especial,
pues ésta, lejana de ser siempre algo maravilloso, muchas veces cae en la
rutina y la soledad, tal y como se plantea en el libro. Murakami tiene una gran
facilidad para retratar las emociones que experimentan cada uno de los
personajes, mismos que están creados con unas personalidades muy peculiares y
con los cuales, al menos en mi caso, logré sentirme identificada con aquellos
mismos duelos que todos hemos experimentado alguna vez en nuestra vida tras la
pérdida de alguien significativo. “Tokio Blues” te lleva más allá de la visión
superficial de la muerte, la soledad, el amor y el sexo; te acerca a cada una
de las emociones, que además de ser experimentadas por los personajes a su
manera, uno como humano y lector las conoce a la perfección, llevando al libro
a convertirse en una herramienta de memoria con la que logras experimentar una
vez más aquellas sensaciones que pudieras haber olvidado.
La
novela es un vivo retrato de la vida como adolescente, que puede llegar a tornarse
gris y solitaria en casos de desesperación; esto culmina en el suicidio para la
mayoría de los personajes dentro de la historia, circunstancia muy común de decesos
en Japón y sobre todo en personas jóvenes. Sin embargo, algo realmente
agradable del libro son las situaciones que le dan luz a la historia, como la
radiante personalidad de Midori, el cariño y cuidado de Naoko, la música de
Reiko y los pequeños placeres de cada uno de los personajes, como andar por el
bosque o releer una y otra vez infinidad de buenos libros. Watanabe se
convirtió en mi personaje favorito dentro de la historia, pues a pesar de ser
alguien que sufre la pérdida de su mejor amigo y el desamor de Naoko, es alguien
fuerte y vulnerable a la vez, al igual que todos nosotros. Murakami retrata la
situación en que nos encontramos muchas veces y que preferimos afrontar de
manera solitaria, dándole sentido
nuestra vida con aquellas pequeñas cosas que nos llenan, pero nunca
perdiendo la esperanza de salir adelante, tal como Watanabe.
Con
esto puedo concluir que Murakami nos da una herramienta muy valiosa: un libro
honesto, realista y lleno de emociones que a mi parecer, habría de ser leído en
aquellas ocasiones en que caemos en la rutina, nos sentimos perdidos y
olvidamos las cosas realmente importantes en la vida.
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