domingo, 14 de abril de 2013

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                                    Reseña  La casa de las bellas durmientes
La casa de las bellas durmientes escrito por Yasunari Kawabata, ganador del premio Nobel de literatura en el año de 1968, es una novela que habla sobre Eguchi, un señor de sesenta y siete años de edad que está muy triste debido a su soledad.  Sin embargo, su amigo Kiga se siente identificado con su situación y lo invita a visitar la casa de las bellas durmientes. En ésta había jóvenes narcotizadas las cuales pasaban la noche con ancianos, quienes no podían despertarlas porque era la regla de la casa, otra de las reglas era que los ancianos  no podían tratar de tener relaciones con ellas, solo podían tocarlas y disfrutar de su compañía. Eguchi creía que solo narcotizadas, las mujeres jóvenes y bellas podían estar con ancianos como él, y esto lo veía como una burla. Pero a pesar de esto, él seguía visitando a “las bellas durmientes”.
La novela está compuesta por 5 capítulos, el narrador que aparece en la novela es un narrador en tercera persona. El personaje principal es Eguchi, y algunos personajes secundarios son las jóvenes narcotizadas y la señora que atendía la casa. La trama es erótica, debido a los sentimientos que el personaje principal expresa por cada una de las mujeres con las que está.

Eguchi es un personaje melancólico, que al principio solo buscaba un poco de compañía, pero con el transcurso del tiempo comienza a experimentar distintos sentimientos por las jóvenes. Con cada una sentía y recordaba cosas diferentes, debido a los aromas que las jóvenes emitían, por ejemplo con la primera mujer que olía  a leche de niño, recordó a su amante y a una mujer de su juventud.  Después de que se sentía extraño y hasta un poco incómodo, al final de la novela comienza a pensar en la posibilidad de morir al lado de una de esas bellas jóvenes. También, al estar con ellas sentía una profunda desesperación debido a que no podía conversar con las mujeres por causa de la droga que las mantenía dormidas, pero con el tiempo aprendió a convivir con lo que él llamaba bellas durmientes.












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